MARCO TEÓRICO
La propuesta de marco teórico integra tres conceptos claves para articular una visión general sobre el proceso de desarrollo del Campo del Nuevo Circo chileno: Campo, Configuración y agenciamiento.
Estos conceptos permiten aproximarse al fenómeno siguiendo una lógica pragmática y relacional, entendiendo que el objeto de estudio es dinámico y multidimensional.
El concepto de Campo*
El sociólogo francés Pierre Bourdieu define como “campo”, un espacio dentro del cual se ponen en juego distintos tipos de capitales que adquieren su valor en relación al mismo, y a partir de los cuáles los agentes toman posiciones y acciones en el juego. El campo es entonces un “sistema de fuerzas” que actúan sobre los cuerpos, los objetos que se encuentran en él y los sistemas de relaciones que se producen en conjunto.
Este concepto viene de una consideración relacional del mundo social y de la noción más amplia de espacio social, que implica el reconocimiento tanto del espacio como de la posición, además de la jerarquía y la diferencia.
En palabras del autor “un campo puede definirse como una red o configuración de relaciones objetivas entre posiciones” (Bourdieu, La lógica de los campos, pp. 64). Que funcionan como “espacios de relaciones objetivas que forman la base de una lógica y una necesidad específicas, que son irreductibles a las que rigen los demás campos” (Bourdieu, La lógica de los campos, pp. 65).
Es así como cada campo tiene una lógica particular y distinta de los demás, en el que se determinan los capitales que intervienen. En este sentido es el campo el que eleva o hunde los capitales, y por ende, define posiciones, pues “el valor de una especie de capital depende de la existencia de un juego, de un campo en el cual dicho triunfo pueda utilizarse” (pp.64) . Las posiciones se caracterizan entonces en relación a las demás posiciones en el espacio del campo, y por la situación actual y posible que imponen a sus agentes en correspondencia a los distintos grados y tipos de poder presentes en la estructura.
De esta manera dentro del funcionamiento del campo, también tiene relevancia el tiempo, en el sentido de la historia que construyen los agentes en él, que se produce en relación a las posiciones que han ocupado y los cambios que han hecho en su capital; finalmente, y dependiendo del tiempo que se haya pasado en cierto espacio social, éste determina el habitus, es decir las disposiciones del individuo, pues en la dimensión variable del mismo se incorporan prácticas relativas al funcionamiento específico del campo, en tanto los agentes despliegan los capitales que entran en juego en este espacio.
Sin embargo, así como el campo determina a los agentes, estos a su vez también determinan al campo, pues tienen la facultad de intervenir en su conformación; puesto que no solamente tienen que acatar las reglas del juego que hay en dicho espacio social, sino que también pueden cambiarlas. Es así como el campo se define en relación al juego de fuerzas que ocurre entre los agentes, y estas también se definen en relación al campo.
Un campo supone, en añadidura, que los jugadores estén interesados en jugar, que estén seguros de que el juego vale la pena, esto se traduce en la existencia de la illusio que quiere decir que “los jugadores están atrapados por el juego”. Es esto lo que hace que los agentes hagan uso de sus capitales, arriesguen y apuesten en relación a las reglas del juego y las ganancias que este otorga en poder y posición.
En relación al estudio de los campos, Bourdieu plantea que el trabajo del investigador está en “determinar qué es el campo, cuáles son sus límites, qué tipos de capital operan en él, dentro de qué límites se resisten sus efectos”(Bourdieu, La lógica de los campos, pp. 65). Con respecto a dichos límites, ellos tienen que ver directamente con los agentes y el juego de fuerzas que se generan en el campo, pues son ellos quienes con tácticas o estrategias van fijando las demarcaciones del espacio en el cual se ejercen los efectos del campo, demarcaciones que pueden variar según la dinámica del juego. De esta forma, “los límites del campo se encuentran en el punto en el cual terminan los efectos del campo” (Bourdieu, La lógica de los campos, pp. 67).
Siguiendo a Bourdieu el análisis del campo tiene tres momentos, el primero: “Analizar la posición del campo en relación con el campo de poder.”, es decir si ocupa una posición dominada o dominante en relación al campo más amplio del poder. El segundo: “Establecer la estructura objetiva de las relaciones entre las posiciones ocupadas por los agentes o las instituciones que compiten dentro del campo en cuestión” y el tercero: “Analizar los habitus de los agentes”. Esto además de identificar los “capitales específicos” del campo, que son el conjunto de características y combinaciones de capitales y disposiciones que se requieren para ingresar y funcionar en el juego que se da dentro del campo. Por lo tanto, es la lógica interna específica que sirve para reproducir al campo.* El texto que sirvió como referencia para esta definición es: “Entrevista a Pierre Bourdieu – La lógica de los campos”. La entrevista aparece en el libro «Una invitación a la sociología reflexiva» de Bourdieu y Loic Wacquant, 2005, Siglo XXI Editores Argentina S. A.
El concepto de configuración
El sociólogo inglés Norbert Elias utilizó el concepto de configuración para abordar el estudio social desde una perspectiva que criticaba el extendido dualismo teórico individuo/sociedad, proponiendo que los procesos de interdependencia entre individuos, instituciones, naturaleza y todo aquello que participa en las cadenas de interacción es lo que compone lo social (Elias, 1982a). Reprochó que desde la sociología se hayan promovido enfoques que conciben a la sociedad (sistema, cultura, estructura, ideología) como un producto ajeno e independiente del individuo, negando la capacidad de intervención que posee este sobre la realidad. En sentido inverso, también han existido enfoques que posicionan al individuo como autosuficiente y emancipado de las condicionantes sociales (1982b). Para romper con ese dualismo innecesario y contraproducente, el sociólogo alemán enunció que el estudio de lo social y de los individuos debía sustentarse en el análisis de los procesos de interdependencia, en la observación de las relaciones entre individuos. Desde la TAR, lo social se entiende como un entramado de relaciones entre entidades heterogéneas que se intervienen mutuamente (Tirado & Domènech, 2005), lo que se asemeja a la visión relacional y figurativa de Elias. “En la investigación acerca de los hombres cabe lanzar toda la luz de nuestro foco ya sobre personas individuales ya sobre las figuraciones compuestas por muchas personas” (Elias, 1982a: 153).
Las configuraciones sociales son arreglos interdependientes que se componen de intelectos, prácticas, omisiones, alianzas, oposiciones y ambigüedades que al relacionarse entre sí forman un tejido de poderes en tensión que constituyen al individuo. Esta idea de los poderes en tensión fue profundizada posteriormente por Michel Foucault a lo largo de su trabajo intelectual que tomó como foco de análisis el poder, el saber, la verdad y el sujeto (Foucault, 2009). Las figuras sociales son el resultado de la interacción entre elementos, por lo que presentan una realidad concreta. Se componen de elementos que al estar combinados unos respecto de otros se estructuran con características específicas, componiendo figuras en las que se distingue lo que es parte de la forma y el fondo de esta. La relación figurativa es la coordinación de los elementos de la figura en los hechos o cosas que representa, siendo esta coordinación la manera en que la figura se hace en la realidad. La sociología histórico-figurativa de Elias se ocupa en estudiar procesos sociales situados en contextos particulares, centrándose en las redes de interdependencia y en las obligaciones que se atribuyen a los individuos en contexto, proponiendo que lo social es el resultado de “relaciones recíprocas”, abandonando explicaciones causales unidireccionales (Bavin, 2008). Más allá de los niveles de poder que cada individuo pueda detentar, la situación de interdependencia es algo de lo que nadie escapa (Elias, 1982b). La figura es un producto social, el resultado de la interacción de una pluralidad de elementos intervinientes que le dan contenido y forma.
Las personas intentan organizar las imágenes y contenidos del mundo para simplificar el sentido de estas, por lo que recurren a figuraciones que les permiten unir, agrupar, discriminar o contrastar elementos para clasificarlos a través de figuras distinguibles. Las figuras operan como fuente de distinción entre entidades. En el caso particular de esta investigación, la noción de figura implica a una colectividad de individuos de características diversas pero que en la dimensión específica del malabarismo se agrupan como una figura compuesta por una multiplicidad de elementos que le dan existencia, contenido y forma. La figuración puede entenderse como una serie de acontecimientos extendidos en el tiempo que le reportan ciertas propiedades a una entidad singular o colectiva en proceso de construcción, eso que Alain Badiou (1999) denomina “situación”, entendiéndola como una presentación estructurada de una multiplicidad de acontecimientos (Silva, 2011) o más bien, de relaciones entre elementos que alteran la realidad de los individuos.
El concepto de agenciamiento
Para abordar relacionalmente el proceso de figuración del malabarista urbano consideré que el concepto de agenciamiento era adecuado, puesto que “se necesitan agenciamientos para que estados de fuerzas y regímenes de signos entrecrucen relaciones” (Deleuze & Guattari, 2015: 76) y se intervengan entre sí, deviniendo en alguien o algo distinto a la condición previa al agenciamiento.
Esta noción se piensa primero que todo como una relación entre elementos territorializados o como un elemento que se relaciona con un territorio que lo afecta. El agenciamiento, por lo tanto, es en primer lugar territorial. “El territorio no vale más que en relación con un movimiento mediante el cual se sale del mismo (…) y no hay salida del territorio, desterritorialización, sin que al mismo tiempo se dé un esfuerzo para reterritorializarse en otro lugar, en otra cosa” (Deleuze & Parnet, 1977/1997: 4). El devenir, es decir, la entidad que se escapa del territorio por el asedio de otra entidad interviniente, envolviéndola y empujándola a fugarse, se desterritorializa, y por consiguiente, necesita reterritorializarse en otro territorio de diversa cualidad que puede ser: institucional, objetual, situacional, humano, etc.
Los agenciamientos son líneas de fuga en las que se implican elementos, movilizándolos y modificándolos. Los elementos que participan en un agenciamiento necesariamente deben estar abiertos, no pueden estar cerrados, clausurados o ensimismados, porque es necesario que en el encuentro con otros elementos se vinculen, interactúen y se transformen mutuamente. “Los vínculos que transportan información configuran el territorio como una red sin bordes ni límites definidos, (…) no hay distancias sino conectividades” (Cabrera, 2011: 219).
Los conceptos agenciamiento y agencia comparten el mismo arreglo de significado, ambos refieren a la capacidad de actuación o de movilización de la acción, dándole existencia a lo social. Margaret Archer propone que “la agencia involucra acciones reales de personas reales y por ello es legítimo hablar de que los agentes actúan” (Archer, 2009: 344).
Yendo más allá de la capacidad de acción que las personas detentan, la agencia es la posibilidad compartida de poder hacer, de vincular entidades y los flujos de sus acciones que no distinguen entre sujeto/objeto (Ema, 2004). La conveniencia de incluir objetos es relevante para entender los procesos agenciales, porque la composición personas distribuidas implica la interacción con materialidades de diversa índole (García, 2010).
Desde la TAR, los agenciamientos se pueden pensar acudiendo a distintos conceptos que en su conjunto tienen usos y rendimientos similares, aunque sus especificidades no sean idénticas. Algunos de los precursores de la TAR utilizan este concepto como un recurso propio del enfoque, refiriéndose a la capacidad de agencia como una mediación y como un ensamblaje de elementos heterogéneos que se intervienen y afectan entidades heterogéneas (Latour, 2008). Esa afección en el lenguaje TAR (Sánchez-Criado, 2006) se puede nominar como mediación, intervención, traducción, siempre teniendo como horizonte que debe existir una interacción entre al menos dos elementos como condición. Las interacciones se vuelven asociaciones, generan relaciones entre elementos que componen un colectivo, un entramado, una red de entidades agenciales que impactan unas sobre otras.
Para darle sentido y orden a la realidad social es necesario observar como los actores humanos despliegan controversias sobre su mundo. Las controversias resultan útiles para identificar qué tipo de asociaciones existen entre elementos, buscando la inestabilidad de esas relaciones (Latour, 2008), para saber desde dónde provienen, cuál es su transición y por qué son problemáticas desde la descripción y explicación de sus propios protagonistas. Cuando las controversias se estabilizan se asume que esa realidad está ordenada o no es problemático su funcionamiento.
Volviendo a Deleuze & Guattari (2015) la condición maquínica del agenciamiento remite a la mezcla de cuerpos en sociedad, que incluye atracciones, pasiones, antipatías, intensidades, alianzas, expansiones, o todo lo que altere de alguna manera las relaciones entre cuerpos. La referencia al cuerpo involucra cualquier tipo de materialidad, viva e inerte, humana y no humana, natural, animal u objetual. Lo importante no son los cuerpos en sí, sino el tipo de relación existente entre ellos. Las sociedades se definen por asociaciones o alianzas más que por cualquier otra condición. “Las relaciones están en el medio y existen como tales (…) son exteriores a sus términos” (Deleuze & Parnet, 1997: 65) y tienen más relevancia que los cuerpos en sí mismos. La condición expresiva del agenciamiento expone cuáles son las distinciones y relaciones que surgen en las dimensiones materiales de este. Ahí se manifiesta el carácter semiótico, el régimen de signos y las transformaciones incorporales del agenciamiento. Lo que se enuncia son las propiedades que se le atribuyen a los cuerpos o a los contenidos, existe una correspondencia entre expresión y contenido (Deleuze & Guattari, 2015), entre lo que se dice y se hace.
